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lunes, 17 de julio de 2017

¿Qué es ser historiador? Reflexiones en torno a una difícil definición.

“Soy historiador por las mañanas y filósofo por las tardes”
Marc Bloch

Por: Daniel Loayza Herrera[1]
Resumen
El presente trabajo aborda el problema de definir lo que es ser historiador. Explora la problemática del estatus científico de la Historia para, a partir de ahí, precisar el rol que cumple el historiador como estudioso del pasado. Para ello, parte del problema del hecho histórico como el concepto más importante de la ciencia histórica, así como del papel que cumple el historiador en la transformación de los hechos del pasado en hechos históricos. Concluye que el historiador está provisto de herramientas científicas de análisis, que es eminentemente crítico y, por tanto,  no debe ser confundido con un erudito o curioso sobre el pasado.
Palabras Clave: Historia, ciencia, hechos, hecho histórico, Historia
El problema inicial
Entre la comunidad de historiadores no existe un consenso sobre lo que es un historiador, es decir, aquello que lo diferencia de cualquier otro que se ocupe del pasado. Ante ello surgen algunas preguntas: ¿es historiador todo aquel que investiga el pasado?, ¿las publicaciones son las que definen quién es historiador y quién no?, ¿es necesaria alguna formación científica para ser historiador?
Las respuestas a estas preguntas son compleja, pero se puede empezar a abordarlas a partir de algunas otras preguntas. Los médicos prescriben medicamentos y realizan operaciones quirúrgicas, entonces, ¿aquellos curanderos naturistas que también prescriben medicamentos e incluso realizan operaciones pueden ser considerados como médicos? Los ingenieros civiles planifican las estructuras de las construcciones, entonces, ¿los maestros albañiles que realizan esta misma labor también pueden ser considerados como ingenieros civiles? Los historiadores escriben sobre el pasado, entonces, ¿todos los que escriben sobre el pasado deben ser considerados como historiadores?
En el caso de los maestros curanderos y los maestros albañiles la respuesta parece ser clara: no son ni médicos ni ingenieros civiles, respectivamente. Pero, ¿en el caso de los historiadores, por qué tenemos tantas dudas?, ¿por qué se nos hace tan difícil dar una respuesta concluyente y definitiva? Nuestra certeza sobre lo que es un médico o un ingeniero y nuestra capacidad para determinar quien no lo es no nace de lo que los médicos e ingenieros hacen, específicamente, sino de aquello que está detrás de lo que hacen. Es decir, para estos casos, la cuestión es simple: el médico es tal porque cura a sus pacientes sino porque lo hace a partir de la ciencia médica. El ingeniero civil lo es no simplemente porque planifica las estructuras de las casas, sino porque lo hace desde los fundamentos científicos de la ingeniería.
Entonces, ¿cuál es el origen de las diferencias entre los historiadores? Más allá de las motivaciones laborales, psicológicas, o de otra índole, el problema existente es un problema teórico, que está ligado a la determinación de si la Historia es una ciencia o no. Es decir, el conjunto de la comunidad de historiadores no está segura si ocuparse del pasado es suficiente para ser historiador o es necesaria alguna perspectiva científica para serlo. Lamentablemente, no ha sido extendida la preocupación por determinar los fundamentos de la ciencia histórica, por parte de los historiadores. Lo han dejado a la reflexión epistemológica que, generalmente, también le ha sido ajena.
El problema de la cientificidad de la Historia
¿Es la Historia una ciencia? Los historiadores, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se han formado bajo esa concepción. Ello ha surgido como consecuencia de la influencia de diversas corrientes que buscaban la objetividad y que tuvieron impacto en la visión que se tiene de la Historia, como fueron los casos del historicismo, del positivismo comteano y del marxismo[2].
El plantear esta cuestión nos conduce, necesariamente, a una reflexión epistemológica: ¿qué es una ciencia? Frente a esta pregunta han surgido diversos enfoques, entre los que destacan dos corrientes: La primera, defendida por Karl Popper, que sostiene que ciencia es un conjunto de proposiciones que la comunidad científica siempre está dispuesta a contrastar con las observaciones empíricas. La segunda, defendida por Koyrè, Lakatos y Kuhn, que hacen una crítica de la posición de Popper, por considerar que la falsación, propuesta por Popper, no ha sido el elemento característico en el desarrollo de la ciencia.
Popper, partiendo de la crítica a la lógica inductivista, sostuvo que no hay forma lógica de llegar a una proposición universalmente válida, pues la experiencia sensible siempre es particular y limitada (Popper, 2008). Por ello, la solución estaba en pensar a las proposiciones científicas como hipotéticas con respecto a las observaciones aún no realizadas. Es decir, las teorías científicas describen cierto número de fenómenos observados de la realidad. De acuerdo a este planteamiento, cada nueva observación debe ser contrastada con la teoría, si la nueva observación coincide con la descripción de la teoría, entonces, la teoría se fortalece. Pero en el caso de que surja una observación o un conjunto de observaciones que no coincidan con las predicciones de la teoría, esta sería abandonada. A este proceso se le conoce como falsación (Martínez, 2005). Dentro de esta concepción, entonces, las teorías científicas se sustentan en dos elementos fundamentales: las predicciones que realizan las teorías con respecto a las futuras observaciones que se describen y la disposición que debe existir para falsar las teorías, por parte de la comunidad científica. El modelo de Popper para comprender el desarrollo de la ciencia está basado en la manera que, a su entender, se trabaja a nivel de las ciencias naturales, especialmente la física. En ese sentido podríamos decir que las ciencias sociales, cuyas teorías tienen una mínima o nula capacidad predictiva no serían ciencias[3].
Koyré, Lakatos y Kuhn realizaron una crítica a la posición de Popper. Sostuvieron que, en el desarrollo de la Física, la falsación no había conducido necesariamente al abandono de las teorías científicas[4]. Lakatos argumentó que existen proposiciones científicas que están más allá de toda contrastación empírica. Por su parte, Koyré y Kuhn destacan el papel de la comunidad científica en lo que se acepta como conocimiento científico, o no. Pese a las diferencias entre estos enfoques, todos ellos tienen en común el punto de partida: El desarrollo de la Física.
Los enfoques epistemológicos sobre lo que es una ciencia han resultado bastante restrictivos. Ello se debe a que las ciencias sociales tienen una característica fundamental que las diferencia de las ciencias naturales. Mientras que las ciencias naturales parten de la estricta separación entre el sujeto y el objeto, lo que les permite alcanzar la ansiada “ objetividad”; las ciencias sociales no pueden desarrollarse bajo esa estricta separación, ya que el investigador o científico social al estudiar una sociedad no está exento de sus propios valores creencias, marco teórico y conceptos[5]. Esta diferencia entre las ciencias naturales y sociales fue advertida, en el siglo XIX, por Dilthey[6]. Entonces, exigirle a las ciencias sociales una capacidad predictiva como condición para ser consideradas como ciencia no es sino el resultado de una incomprensión de la manera y los referentes a partir de los cuales se generaron los postulados epistemológicos contemporáneos.
Como consecuencia de lo anteriormente señalado surge la pregunta: ¿si la Historia es una ciencia, que la hace tal? La respuesta parece sencilla: tiene objeto de estudio, marco teórico y métodos de investigación. El objeto de estudio de la Historia es el hecho histórico. El problema del conocimiento del hecho histórico es imprescindible para el esclarecimiento de la labor del historiador. Sin embargo, no puede ser abordado si antes no se esclarece el problema de la teoría y del método.
¿Qué es la teoría? Es el conjunto de categorías y conceptos que sirven para al análisis del objeto de estudio. Estas categorías y conceptos hacen posible que el objeto sea inteligible desde la perspectiva de la ciencia. Las categorías tienen su fundamento en la filosofía y son universales; mientras que los conceptos son más específicos y reflejan la manera particular en que la cada ciencia los entiende. Por ejemplo, la Física tiene conceptos como masa, fuerza, aceleración y gravedad. El conjunto sistemático de estos conceptos es lo que comúnmente se denomina marco teórico.
Toda teoría, en sí misma, lleva implícita un discurso gnoseológico, es decir, un conjunto de supuestos sobre la manera en se produce el acto de conocer. Esta constatación nos permite comprender la relación entre el objeto que se observa y estudia y el método o métodos que se van a utilizar para poder llevar a cabo la investigación. La teoría, en este sentido, opera como una bisagra que asegura la confiabilidad del proceso de conocimiento, proveyendo del soporte para la formulación de inferencias válidas desde el punto de vista científico.
¿La Historia cuenta con teoría? Si analizamos el problema a nivel de los conceptos específicos, propios de la ciencia histórica, advertimos que los conceptos más utilizados como desarrollo, progreso, crisis, decadencia, auge, contradicciones, clases sociales, estamentos, castas, capitalismo, política, estado, poder, entre otros, no son exclusivos de la Historia, sino son compartidos con otras muchas ciencias, como la economía, la sociología, la antropología, etc. (Chaunú, 1985). Sin embargo, hay un concepto que le es propio y distintivo de la Historia: el hecho histórico. Ello se debe a que el desarrollo de la Historia como ciencia se ha dado de la mano y paralelamente con numerosas otras ciencias sociales, como es el caso de la economía, la sociología, la antropología, la lingüística, la psicología, entre otras.
La teoría cumple un papel fundamental e imprescindible en la comprensión de los hechos históricos. La razón radica en que no es posible, desde el punto de vista empírico, comprender el proceso histórico de una manera universal y total. Dicho de otro modo, no es posible tener el conocimiento empírico de todos los hechos históricos. Por otro lado, la teoría es el resultado de un nivel particular del desarrollo de la filosofía y de la propia ciencia histórica. En ese sentido, tampoco es posible apreciar los hechos históricos desde el pasado. Solo nos es posible hacerlo desde el presente, desde la mirada del historiador.
Es el sujeto cognoscente,- el historiador- el que se acerca al estudio del hecho histórico, pero para ello debe estar provisto de una teoría que le sentido y regularidad a los hechos. Los hechos, por sí mismos, son ininteligibles sin las categorías y conceptos de los cuales debe estar provisto, previamente el historiador.
Aunque, a lo largo de la investigación de los hechos históricos, los historiadores no se ocupen por determinar que es conocer y como se llega al conocer, su práctica lleva implícita esta concepción. Todo método científico lleva implícita su raíz gnoseológica, pues parte de fundamentos teóricos. Los métodos de análisis responden a planteamientos sobre la manera en que el sujeto cognoscente puede alcanzar una comprensión del objeto estudiado.
La Historia ha tenido sus propias luchas para convertirse en ciencia, y el derrotero por el que han transitado han estado marcadas por el compromiso de apreciar el pasado desde el presente, con espíritu crítico. Como toda ciencia, no es un producto acabado, surgido por generación espontánea, sino una construcción progresiva. La Historia, como ciencia, tiene también su historia. Es a partir del siglo XIX que, al amparo de la expansión del positivismo, el historicismo, las corrientes hermenéuticas alemanas y el marxismo, surgen las primeras preocupaciones por dotar a la comprensión de la sociedad de un carácter científico. Sin embargo, pese a los importantes aportes de Max Weber y Marx, por ejemplo, para el caso alemán, en la mayor parte de la historiografía francesa del siglo XIX, imperó una interpretación tradicional y conservadora de la historia.
En el siglo XX se produjo una importante expansión del marxismo. Su teoría social, el materialismo histórico, pasó a ser la teoría social dominante. Su fortaleza radicó en que contaba con una interpretación integral, completa que combinada eficazmente la economía, la sociedad, la política y los elementos ideológicos. El marxismo aportó una importante base teórica para el despegue de la Historia como ciencia. Si influencia sería innegable en gran parte de los historiadores del siglo XX.
Aurell, (2005) y Burguière (2009) han señalado que la Escuela de los Annales contribuyó al desarrollo de los métodos de investigación histórica. Las visiones temporales y espaciales se renovaron, se impulsó el análisis totalizador de la sociedad y la comprensión de los hechos particulares en el marco de los procesos globales. El desarrollo de nuevos enfoques y métodos de investigación contribuyeron a consolidar a la Historia como una ciencia. Sin embargo, quienes conformaron Annales no compartieron una teoría ni hicieron una importante reflexión teórica entorno a sus métodos. Historiadores como Hobsbawm, Thompson y Fontana, desde el marxismo, han contribuido con el conocimiento del pasado desde la reflexión teórica. Ello ha permitido una adecuada articulación entre teoría y método. Estos progresos en el campo de la Historia hicieron que las viejas formas de historiar el pasado, propias de la historia tradicional, decimonónica, devinieran en pre-científicas.
Este reconocimiento nos conduce al problema de cómo se produce el acercamiento del investigador hacia el hecho histórico. Este no se puede producir desde la estricta objetividad, a la que pueden alcanzar las investigaciones en ciencias naturales. La aspiración positivista de construir una suerte de “física social” se ha mostrado como un imposible a la luz del desarrollo actual de todas las ciencias sociales[7]. De igual forma la idea de Michelet, de presentar los hechos del pasado como una descripción pormenorizada de acontecimientos, sería reducir la historia a una suerte de anecdotario de poco valor (Juliá, 2014). La razón de ello es que el investigador social es sujeto, pero a la vez objeto de conocimiento ya que él pertenece también a una sociedad, aunque no necesariamente sea la que estudia.
Ello conduce a la comprensión del conocimiento histórico como centrado en el sujeto cognoscente. Es, precisamente, este sujeto que conoce el que construye los hechos históricos. La historia no son los hechos del pasado, sino el conocimiento crítico de los hechos del pasado. La historia no es lo que sucedió, sino la forma específica en que esos hechos son comprendidos críticamente, desde el presente, donde las categorías y los conceptos de hoy se proyectan hacia el pasado, para darle sentido al presente.
Ello no debe confundirse con la posibilidad de que la historia sea simplemente lo que la gente se figura que ocurrió, No está sometida a esa anarquía o capricho. El conocimiento histórico debe sustentarse en fuentes, pero se debe reconocer que las fuentes no dicen nada, son los historiadores los que las hacen decir algo.
En suma, lo que existe de manera independiente de los historiadores son hechos y documentos. Los historiadores deciden que hechos son relevantes para comprender el pasado y que documentos constituyen fuentes para ese conocimiento. Sobre la importancia del historiador como sujeto cognoscente y la manera como debe enfrentarse a las fuentes, Marc Bloch (2006) escribió:
Pero, ¿basta con reunir los testimonios y unirlos de cabo arabo? Realmente no. La tarea del juez instructor nunca se confunde con el trabajo de su secretario. No todos los testigos son sinceros, ni su memoria es siempre fiable y por ello no podemos aceptar sus declaraciones sin ejercer cierto control. ¿Cómo se las arreglan los historiadores para extraer u atisbo de verdad de los errores y mentiras y obtener un poco de trigo de la paja? El arte de discernir lo verídico, lo falso y lo verosímil en las narraciones se denomina crítica histórica y posee una reglas, fáciles de conocer, que espero mostrarles (…) (pp. 18-19)
De esta manera, desde la perspectiva científica, es el historiador el centro del conocimiento histórico. No es un agente pasivo que solo recoge datos, tampoco un simple ratón de archivo. Su trabajo es fundamentalmente crítico y reflexivo. Esa reflexividad crítica es, precisamente, un componente fundamental de su labor científica. Sin embargo, debemos advertir que la crítica no se agota en el análisis de las fuentes, sino, fundamentalmente en la crítica del presente a través de una crítica del pasado. De esta forma, la Historia no es otra cosa que una forma de acercarse de manera comprometida con el presente a través del pasado.
Hecho y hecho histórico
El presente es el resultado de una sucesión de hechos. Los hechos, por sí mismos no son historia. Para ser historia requieren del observador. El conocimiento histórico transforma esos hechos en historia, es decir en históricos. La historia científica nace cuando se analizan críticamente los hechos, no antes. El hecho histórico, de esta manera, encarna el mayor problema para definir a la Historia como una ciencia. Si los hechos del pasado son hechos que tienen importancia para comprender el presente y, además, son apreciados críticamente, devienen en hechos históricos. Un elemento fundamental para que los hechos del pasado sean tratados como históricos es la construcción de un discurso crítico y reflexivo sobre la importancia que esos hechos tienen a través del tiempo.
Esa valoración de su importancia y proyección en el presente no se desprende del hecho mismo sino de la comprensión que se alcanza sobre él. Hay que recordar que lo ocurrido en el pasado es simplemente una sucesión de hechos, y que es desde la ciencia histórica que se determina su importancia colectiva. Esos hechos cuando son comprendidos como tales son tratados y abordados como hechos históricos. Se transforman en tales. Es, precisamente, esa mirada la que diferencia al historiador de cualquier otro curioso por el pasado. El historiador busca explicaciones para el presente, extrae lecciones, le otorga sentido y organicidad al pasado. El objeto de la Historia no son los hechos del pasado en sí mismos, sino los hechos históricos, los cuales son un producto del acercamiento y comprensión del pasado por parte del historiador. No existe, por tanto, en el campo de la Historia una separación estricta entre el objeto y el sujeto[8].Sobre la definición de hecho histórico Gloria Delgado (2005), menciona lo siguiente:
Se le llama hecho histórico a la interpretación realizada por los especialistas en historia acerca de algún evento particular protagonizado por seres humanos y ocurrido en un lugar y tiempo determinados. Por tanto el hecho histórico no es el suceso en sí mismo, sino una construcción intelectual hipotética, creada por el historiador a partir de los datos de la realidad social y cultural que obtiene de las fuentes consultadas…  (pp. 5-6)
A partir de lo anteriormente mencionado se puede sostener que es historiador aquel que investiga el pasado, pero con la mirada de los hechos históricos. Esa mirada necesariamente es crítica y reflexiva. No es la mirada del curioso desprevenido. Si esta mirada está ausente, aun cuando haya escrito decenas de libros sobre el pasado, a la luz del desarrollo actual de la ciencia histórica, no puede ser considerado historiador. Ello ocurre incluso cuando sus trabajos puedan ser valiosos como punto de partida para investigaciones históricas, - por parte de quienes si son historiadores-, y le otorguen a los hechos el tratamiento que es propio de la Historia: el tratamiento de hechos históricos.  
El historiador, para comprender el pasado, utiliza marcos teóricos propios de diversas ciencias, pero le imprime la particular mirada histórica, la mirada del tiempo histórico y del espacio histórico, de la proyección de los hechos hacia el presente. Este es el rasgo distintivo que diferencia al historiador de cualquier otra persona que se ocupa de los hechos del pasado.
El hecho histórico expresa, entonces, la particular relación del historiador con el pasado. Es la comprensión del hecho del pasado realizada desde el presente. Representa la compleja relación entre el objeto y el sujeto que conoce, donde el sujeto cognoscente es también objeto conocido. Encarna un proceso de conocer, pero también de reconocerse. Se aparta de la aspiración positivista de representar los hechos de manera absolutamente objetiva e imparcial, a partir de una ilusoria apelación a la neutralidad, pero también de la concepción decimonónica de la historia, caracterizada por la simple narración erudita de los hechos del pasado, para volcarse en interpretación viva y crítica.
Conclusión.
El historiador es aquel investigador que, provisto de un análisis científico, analiza, comprende y crítica el pasado desde los fundamentos y perspectiva propios de la ciencia histórica. Es aquel que transforma los hechos del pasado en hechos históricos. Está provisto de una mirada desde el presente, lo cual le permite comprender regularidades y cambios. El historiador no es aquel que ingresa a un archivo y simplemente escudriña entre documentos apolillados, sino el que transforma aquellos documentos en fuentes que cobran sentido para el presente. Historiador no es más el erudito del siglo XIX, simple recopilador de hechos inconexos, que son presentados como entretenidas anécdotas sobre el pasado, sino el riguroso crítico provisto de un sólido marco teórico que construye un discurso sobre el pasado. El historiador, al ingresar a un archivo o recurrir a un documento del pasado, lo hace con una mirada muy distinta del archivero o del curioso. .De esta manera, el historiador puede ser definido de la misma forma que el médico o el ingeniero civil: no por lo que aparentemente hace, sino por lo que hay detrás de lo que hace.


Fuentes de información
Aurell, J (2005) La escritura de la memoria: de los positivismos a los postmodernismos. España: Universitat de València.
Bloch, M (2006) Historia e historiadores. Madrid: Akal.
Brom, J (2012) Para comprender la historia. Madrid: Grijalbo.
Burguière, A (2009) La escuela de Annales: una historia intelectual. España:
Universitat  de Valencia.
Chaunú, P. (1985) Historia ciencia social. La duración, el espacio y el hombre en la época moderna. Madrid: Encuentro ediciones.
Delgado, G. (2006) Historia de México. Vol I La gestación de un pueblo. México: El colegio de México. 5ta. Edición.
Julià. M (2014) Las ruinas del pasado: aproximaciones a la novela histórica postmoderna. Madrid: Ediciones de la Torre.
Martínez,     (2005) El problema de la verdad en K. R Popper: reconstrucción histórico –sistémica. España: Gesbiblo.
Popper, K (2008) La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos.




[1] Historiador. UNFV.
[2] El historicismo fue una corriente desarrollada en Alemania durante el siglo XIX, principalmente. Sostenía que la objetividad debería ser la característica fundamental de toda investigación científica. El positivismo, cuyo fundador fue Augusto Comte postuló que solo el conocimiento científico era un auténtico conocimiento. El marxismo, por su parte, también postuló la necesidad de alcanzar un conocimiento objetivo de la sociedad y su desarrollo. Para ello desarrolló una completa concepción del mundo, agrupada en la que se ha llamado materialismo dialéctico y materialismo histórico. El materialismo histórico marxista ha sido la teoría social más influyente y hegemónica del siglo XX, además de la que más ha contribuido a consolidad a la Historia como una ciencia.
[3] Como es bastante conocido Marx y Engels predijeron la revolución proletaria y el triunfo del socialismo. Popper, a partir de lo que consideró una falla en la predicción, anunciada en el Manifiesto Comunista, sostuvo que el marxismo no tiene carácter científico.
[4] La crítica que se realizó a los planteamientos de Popper giró, básicamente en demostrar que a lo largo del desarrollo de la Física la falsación no ha sido el elemento que ha llevado a la superación de la ciencia. Es decir, que las teorías científicas han sobrevivido o sucumbido con relativa independencia de la confirmación o no de sus predicciones.
[5] La ciencia, como producto cultural de occidente, desde su fundación como reflexión filosófica, partió de la separación entre el objeto y el sujeto. Este principio fue la base de la cosmología de Thales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes. Pese a la diversidad de escuelas que se desarrollaron en la civilización griega, este enfoque alcanzará su más alta realización con los planteamiento de Aristóteles, para quien el mundo es objetivo y separado del sujeto, siendo este último el que se constituye en sujeto cognoscente. Sin embargo, no se debe soslayar que algunos experimentos de la física cuántica han sido interpretados desde una perspectiva neoplatónica, atribuyéndole al observador u papel fundamental en ello.
[6] El filósofo, sociólogo e historiador alemán Wilhem Dilthey señaló que las llamadas ciencias del espíritu se diferencian de las ciencias naturales. Destacó que la idea de “objetividad”, propia de las ciencias naturales, no tiene ningún sentido en el ámbito de las ciencias humanas, donde la subjetividad cobra especial relevancia.

[7] Comte planteó la necesidad de crear una “Física social”, a la cual se le dio por nombre sociología.
[8] En este sentido el hecho del pasado opera como cosa y el hecho histórico como objeto, pues para su comprensión es necesario que el historiador esté provisto de categorías y un marco teórico que haga cognoscible el hecho y que cobre sentido.  Kant, hizo una clara diferenciación entre la cosa y el objeto, donde destaca que la cosa en sí es inaccesible al entendimiento humano; mientras que el objeto constituye la aprehensión alcanzada sobre la cosa. 

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