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miércoles, 28 de agosto de 2013

Ética empresarial y ventajas competitivas

El desafío ético en la empresa

Las organizaciones empresariales modernas están cada vez más interesadas en desarrollar prácticas éticamente aceptables. Esto ha ido aparejado a cada vez una mayor preocupación, por parte de la sociedad, por los temas relacionados a la conducta ética de las empresas ( Cortina: 1998)

La ética empresarial es una de las ramas de la ética aplicada que tiene como fin establecer los parámetros normativos de índole moral conducentes a determinar que prácticas empresariales son aceptables y cuáles no lo son. La importancia de determinar y esclarecer el ámbito normativo en la empresa ha sido destacado por Fernando Savater (1998), quien nos plantea que si  alguna institución social refleja adecuadamente los conflictos, los valores, las culturas y los problemas de una sociedad en un determinado tiempo histórico, ésa es la empresa. Sostiene acertadamente que “en su concreción convergen todas las tensiones de la producción social”. Por ello, para el filósofo español, es de un enorme interés preguntar por su grado de “eticidad”, por la realidad de la ética empresarial.[i]

Adela Cortina (1998; 89), por su parte nos plantea que: “la ética empresarial consistiría, por tanto, en el descubrimiento y la aplicación de los valores y normas compartidas por una sociedad pluralista —valores que componen una ética cívica— al ámbito peculiar de la empresa, lo cual requiere entenderla según un modelo comunitario, pero siempre empapado de postconvencionalismo” [ii]
Diversos investigadores sostienen que las empresas éticas deben desarrollarse según los siguiente parámetros: prácticas de acuerdo a los valores de la empresa, construir valores compartidos entre todos sus miembros, garantizar la satisfacción de todos los agentes involucrados en la empresa: accionistas, directivos, empleados, proveedores y clientes y garantizar la responsabilidad social.
Empresa y sociedad
Las organizaciones empresariales, como consecuencia de sus procesos productivos, generan un impacto económico, social y ambiental. Históricamente estos pasivos generados como consecuencia del desarrollo de una actividad económica no han sido asumidos por las empresas sino por el resto de la sociedad.
El paulatino y creciente interés por parte de la sociedad con respecto a las prácticas que desarrollan las empresas ha llevado a que el conflicto potencial entre las organizaciones y la sociedad de acreciente. La sociedad ha empezado a percibir más claramente que está asumiendo un conjunto de pasivos económicos, sociales y ambientales como consecuencia de la actividad económica. Los estados, frente a esta situación, han normado legalmente tanto parámetros para la actividad económica como sanciones de índole civil, penal y administrativa para las empresas infractoras.
Frente a ello, las empresas han empezado a percibir claramente que las prácticas anti-éticas conducen a su descrédito, reducen su prestigio y acaban finalmente con si credibilidad y permanencia en el mercado ( Cortina: 1998).
La escuela de negocios de Harvard, entre muchas otras, ha empezado, desde los años 80´s, a implementar programas de formación de alta gerencia basados en la formación en ética empresarial. La experiencia de Harvard se encuentra resumida en el libro Can Ethics be Taught?Perspectives, Challenges, and Approaches at Harvard Business School (1993). El texto muestra la evolución, la estrategia y la implementación del programa de Liderazgo, Ética y Responsabilidad Corporativa en la Harvard Business School. Lo más importante es la estrategia del programa en sí para hallar el enfoque y los contenidos apropiados de los cursos de ética dentro del currículo de la profesión gerencial (MBA).De acuerdo al enfoque de la universidad de Harvard, la educación de los hombres de negocios tiene que ver no sólo con competencia, sino también con responsabilidad; no sólo con habilidades, sino también con actitudes. Plantean que las facultades de Administración deben desarrollar en sus graduados un sentido de responsabilidad social y uno de ética de los negocios.[iii]
Ética y ventajas competitivas
Actualmente está aceptado que la ética empresarial es una de las formas más confiables a través de las cuales las organizaciones son capaces de mejorar su capacidad competitiva. Las prácticas éticas les puedes permitir a las organizaciones atraer clientes y personal de alto nivel.
Según Ortiz Ibarz, José (1995), El comportamiento ético en las empresas representa una clara ventaja competitiva para las empresas.[iv] Las conductas éticas agregan valor a las organizaciones y a los bienes y servicios que éstas producen, beneficiando sustancialmente a la economía y la sociedad.

No hay forma de mejorar las ventajas competitivas si no se alcanza el liderazgo ético. En éste sentido Pérez López, Juan Antonio u otros (1998) Nos plantea las preguntas: ¿Es incompatible la ética y el humanismo con la dirección empresarial? ¿El mundo de la empresa está destinado a personas que tienen que olvidar sus principios éticos, pues de no hacerlo fracasarían? Frente a ello nos plantea la idea de que la ética no es incompatible con el éxito en el mundo de la empresa, además de permitirnos desarrollar un verdadero liderazgo. Los conceptos que ofrecen un enfoque humanista y ético de la empresa permiten conocer mejor los anhelos y motivaciones de las personas que trabajan en ella, sus debilidades y virtudes, y esto ayuda a dirigirlas mejor.[v]

En los últimos años se ha producido un significativo avance en la creación de mecanismos que permitan la integración de la ética con las prácticas empresariales. Al respecto Bernardo Kliksberg (2011)  nos plantea lo siguiente:
“Asimismo se observa que la RSE aumenta la competitividad de la empresa y que las empresas que apoyan el trabajo voluntario de su personal tienen mejor productividad, porque el personal se identifica más con ellas. A esto se suma un dato que no entra en los análisis económicos convencionales: la votación de los mercados. En los Estados Unidos se estima que hay 50 millones de consumidores que prefieren comprar productos que responden a "un estilo de vida sano y tolerable". Mueven un mercado de 230.000 millones de dólares”.[vi]

Es menester advertir que las prácticas éticas, por parte de las organizaciones no sólo son  éticamente aceptables; sino además son rentables económicamente, además de asegurar la permanencia de las empresas en el mercado a largo plazo.

Conclusión
Las prácticas éticas se han convertido en un componente importante del desarrollo organizacional. En éste sentido, la preocupación de la sociedad con respecto a la conducta ética en las empresas y la cada vez mayor competitividad imponen a las empresas la necesidad de plantearse y desarrollar una normatividad ética como forma de garantizar la competitividad y la permanencia en el mercado a largo plazo.





[i] Savater, Fernando (1998), La dimensión ética de la empresa, Fundación Social y Siglo del Hombre, Bogotá.
[ii]Cortina, Adela.(1998), Ética de la empresa, Trota, Madrid.
[iii]Harvard Business School (1993)  Can Ethics be Taught? Perspectives, Challenges, and Approaches at Harvard Business School
[iv] Ortiz Ibarz, José Ma. (1995), La hora de la ética empresarial, McGraw-Hill/Interamericana
de España, Madrid.
[v] Pérez López, Juan Antonio y otros (1998), Liderazgo y ética en la dirección de empresas. La nueva empresa del siglo XXI, Deusto, Bilbao.
[vi]Kliksberg, Bernardo. Hacia una nueva etica empresarial. En: http://www.redunirse.org/files/Hacia%20una%20nueva%20%C3%A9tica%20empresarial.pdf. Revisado el 04/10/2011.

sábado, 6 de abril de 2013

¿La ciencia demuestra la existencia de Dios?: una crítica al llamado principio antrópico


Como consecuencia del desarrollo de la Física y, especialmente, de producir una conciliación entre las formulaciones propias de la ciencia y la reflexión filosófica y teológica apareció el llamado principio antrópico. En principio antrópico fue inicialmente propuesto por  Brandon Carter  y sostiene que la existencia y el comportamiento de la materia en el universo solo puede ser entendida en relación al ser humano. Es decir, ante la ausencia de evidencia concreta sobre la existencia de vida inteligente en otras partes del universo, podemos señalar que el origen y desarrollo del universo tiene sentido sólo en la medida que ha aparecido la vida inteligente humana. 

El planteamiento fundamental del llamado principio antrópico se sustenta en serias investigaciones, realizadas por distinguidos científicos- todos ellos de primer nivel- que demuestra, de forma consistente, con los datos observados, que la vida habría sido imposible ante una pequeñísima variación en los valores de la materia a nivel cuántico. A partir de ahí, algunos de ellos han enunciado que pareciera que todo el universo hubiese sido ajustado para que la vida inteligente fuese posible en algún confín del universo; pero como quiera que sólo tenemos certeza de que eso se ha producido en la tierra y que sólo el hombre es inteligente en nuestro mundo, parece que todo el universo hubiese tenido como fin último de su existencia la aparición del hombre.  

Este interesantísimo planteamiento viene a refrescar una vieja discusión, los ya antiguos encuentros y desencuentros entre la ciencia y la religión, entre la razón y la fe. Ciertamente, en la medida en que tengo convicciones ateas, siento el deber,-y por qué no el placer-, de examinar sus postulados fundamentales para poder dilucidar sus alcances y la consistencia de los argumentos y las inferencias que se extraen de éste principio que, considero, enriquecen enormemente la discusión inteligente sobre cuestiones que unen tanto a quienes somos ateos como a aquellos que sostienen que Dios existe y que hay pruebas para ello. 
Con el mejor ánimo de analizar los alcances de ésta postura, y para eliminar toda posibilidad de que la forma en que presentamos sus ideas fundamentales no sea consciente o inconscientemente desdibujada,-en vista de mi manifiesto ateísmo-, pasaré a ofrecerles un extracto de una entrevista al distinguido Padre de la Iglesia Católica Manuel Carreira, astrofísico y docente universitario en la Universidad de Cleveland, Estados Unidos. Luego de apreciar el video pasaré a examinar sus ideas con el fin de determinar los alcances de su postura.


El padre Carreira da inicio a su explicación partiendo del hecho de que quienes han planteado el principio antrópico son distinguidos físicos y no filósofos o teólogos. Esto es muy importante de ser tomado en cuenta pues eso implica, necesariamente, que toda su argumentación,- a juicio del padre Carreira- está sustentada en la ciencia.

Quisiera detenerme en el anterior punto pues, entendiendo su argumentación de manera integral, se desprende que - no pudiéndose comprender de otra forma, considerando que siguió su línea argumentativa sin interrupciones- lo que el Padre Carreira pretende, en última instancia, es sostener que a juzgar por los datos de la ciencia se puede inferir científica y lógicamente la existencia de Dios. Ciertamente, es lo suficientemente hábil para eludir un asunto fundamental: la necesaria demostración científica sobre la existencia de Dios, que lo planteamos a través de las preguntas siguientes: ¿existe evidencia empírica observable que demuestre que Dios existe?, y , ¿ Existe alguna relación de necesidad para determinar que la única forma válida de interpretar los datos empíricos, observados por los físicos, es la existencia de Dios?.

El padre Carreira empieza su argumentación citando las dos preguntas que planteara el Físico norteamericano John Archibald Wheeler: ¿Por qué hay algo en lugar de nada?, y, ¿Qué relación hay entre las propiedades del universo en su primer momento y nuestra existencia?

En principio una cosa es la ciencia y otra los científicos. Esto es, que cualquier científico puede elaborar, y de hecho muchos lo hacen, preguntas metafísicas que están más allá de la ciencia o fuera de su ámbito. Cuando Archibald se pregunta ¿ Por qué hay algo en lugar de la nada? Lo que está haciendo es una pregunta que nada tiene que ver con la ciencia. La ciencia no puede formularse esas preguntas porque da cuenta de lo existente y de las propiedades y cambios de lo existente, no de principios inmanentes a los existente. La razón de ello es que, partiendo del hecho de que el tiempo es una propiedad de la materia, antes de la existencia de la propia materia no existía el tiempo; por lo tanto, no puede existir ninguna causa, razón o principio trascendente anterior a ella. Frente a la segunda pregunta, para que ésta pueda ser considerada como una seria pregunta científica debe elaborarse dentro de las siguientes condiciones:

1.- No debe formularse como una pregunta asociada a la primera, pues implica que ambas se responden mutuamente y de manera conjunta e indisoluble. La razón de ello radica en que la primera es una pregunta metafísica, fuera de cualquier relación con la ciencia.

2.- Desde el punto de vista científico la pregunta ¿Qué relación hay entre las propiedades del universo en su primer momento y nuestra existencia? Debe entenderse, necesariamente, a la luz de lo que sabemos de la materia. En ese caso, debe ser respondida a nivel de las características que el ser humano tiene como especie existente gracias al carbono y los demás elementos existentes en el universo.

En este sentido, el Padre Carrera pretende establecer una relación inapropiada, amparándose en las disquisiciones metafísicas del Físico Archibald, una especia de apelación ad verecundiam por el hecho de que Archibald es autoridad en temas científicos, mas no metafísicos. Esta falacia, ciertamente, no es un desliz del padre Carreira, considerando que el también es Físico y conoce perfectamente los alcances y límites de la ciencia.

Posteriormente, el Padre Carreira, menciona una importante reflexión del Físico Archibald Wheeler, donde sugiere que una existencia inteligente ajustó el universo de acuerdo a un plan de creación:

“…y él hace luego un raciocinio que podría haber firmado Santo Tomás donde dice: “ la propiedad más absolutamente propia de la materia es su mutabilidad. Toda la ciencia estudia los cambios de la materia. Pues bien, toda mutabilidad implica la posibilidad de existir de diversas maneras. Aquello de que hablamos como mudable no está determinado a existir sólo de una manera” y, luego añade, “ todo aquello que puede existir de diversas maneras tiene que ser ajustado intrínsecamente para que exista de una manera concreta y no de otra de las posibles”…”.y, por tanto, el universo tuvo que ser ajustado ya en su primer momento, y ese ajuste tiene que tener un fin, y el fin que se descubre es ajustarlo para que pueda existir la vida humana”.

El padre Carreira al decir “…y el hace un raciocinio que podría haber formado Santo Tomás…”, quiere dejar nuevamente por sentada la siguiente inconsistente relación: las disquisiciones de Archibald son científicas- Lo que dice Archibald es fundamentalmente lo mismo que dijo San Agustín; entonces, lo que dijo San Agustín está corroborado por la ciencia contemporánea. En la medida en que no existe un solo dato empírico que demuestre la existencia de Dios, así como tampoco la necesidad de explicar el funcionamiento de la materia a partir de una fuerza no material, entonces, podemos colegir que estamos ante un segundo argumento falaz del padre Carreira.

Luego, citando las reflexiones no científicas del físico Archibald, sostiene básicamente lo siguiente:

-       Como la materia puede existir de múltiples formas, entonces todo fue ajustado para que exista de la forma en que hace posible la vida humana.

Esta contradicción del Padre ya no solo es flagrante, sino escandalosa. Si el universo tuvo un fin anterior a su propia existencia, entonces hubo un antes al universo mismo. Si hubo un antes al universo mismo entonces no es cierto que el tiempo sea un atributo de la materia, tal como lo establece la Física como principio fundamental y no cuestionado. Si el Padre plantea que el tiempo es anterior a la materia se está saliendo del cauce de la ciencia. Si el Padre se ha salido de cauce de la ciencia, entonces mal hace en querer sustentar sus ideas desde el punto de vista científico. En suma, el Padre realiza un grosero razonamiento que no soporta ni el más leve análisis de consistencia lógica.

Luego, el Padre Carreira sostiene: “No nos importa hablar de otros universos, no nos importa hablar de otras humanidades, el universo cumple su destino cuando existe un planeta que es la tierra, por lo menos uno, donde se da la vida personal, inteligente, y como una última frase, si el creador es inteligente y libre tiene los atributos propios de la persona…”

Nuevamente, surge la pregunta: ¿De dónde deduce, desde el punto de vista científico, que el universo tiene un destino? Si tiene un destino, entonces ya todo está determinado, y lo estaría, necesariamente, desde el momento anterior al surgimiento del propio universo. Pura metafísica religiosa y anti-científica.

Al final, añade: “Para una persona la razón última de crear no puede ser que le gusta ver quemarse estrellas, ni que le gusta ver lagartijas corriendo por el suelo, una persona solo puede satisfacerse con relaciones personales y, entonces, el universo está hecho para quienes pueden tener relaciones personales con el creador personal”.

Realmente, este argumento enredado y absolutamente ilógico ya raya con el más obseno contrabando ideológico. En principio, le atribuye al supuesto Dios, que se empeña en demostrar, una semejanza con las personas; pero no solo eso, le atribuye determinados gustos. Sabe de forma apriorística que es lo que le gusta. Como el ser humano no ha creado a las estrellas ni a las lagartijas que corren por el suelo, no cabe duda que se refiere a Dios. Pero luego utiliza el mismo término “persona” para referirse ya no a Dios sino al hombre, buscando producir un enredo indescifrable. Interpreta sin ninguna evidencia empírica, sin el más leve sustento lógico, que las personas solo pueden satisfacerse a través de las relaciones personales. Al final concluye de la forma más grosera, desde el punto de vista lógico y empírico, que el universo está hecho (ojo alguien lo pensó y luego lo creó) para que los hombres tengan una relación personal con el creador.

Este es un ejemplo de cómo se pretende sostener, falazmente, la existencia de Dios desde la ciencia, y de cómo muchos, apelando a inconsistentes reflexiones efectuadas por algunos científicos de renombre y valía en el campo de la ciencia, pero no necesariamente en la filosofía o la teología, realizan un auténtico contrabando ideológico que colisiona con la razón.  

domingo, 31 de marzo de 2013

La anti-razón: psicoanálisis lacaniano y postmodernidad

En el desarrollo de las interpretaciones postmodernas sobre la realidad el psicoanálisis lacaniano ha jugado un papel central. Jacques Lacan fue un personaje central de la vida intelectual de Francia de la postguerra. Psiquiatra de formación, fue derivando progresivamente hacia el psicoanálisis. Su propuesta fue la de leer a Freud a la luz de los nuevos enfoques, principalmente estructuralistas. El Estructuralismo y el Psicoanálisis fueron dos de los más influyentes enfoques por aquellos años en Francia.
Jacques Lacan

Lacan era un hombre de una amplia cultura. Había leído a los más importantes pensadores. A partir de sus variadas lecturas y tomando ideas de las fuentes más disimiles emprendió la tarea de reescribir la interpretación psicoanalítica, que a su juicio, estaba plagada de objetivismo. Saussure fue una de sus fuentes de inspiración más importantes. La apelación del padre de la gramática estructural al lenguaje, al mundo de los significantes y significados, como única fuente válida para referirnos a la realidad, llevó a Lacan a replantear el psicoanálisis en esos términos.

Entre los intelectuales que estuvieron marcados por la impronta del pensamiento lacaniano encontramos a Badiou, Foucault, Derrida, Kristeva, Zizek, entre muchos otros. Si bien es cierto que cada uno de ellos exhibe la influencia de diversos aspectos del pensamiento de Lacan; también lo es que básicamente todos ellos se centran en el llamado “discurso”; es decir, en la representación de la realidad, con prescindencia de la realidad misma. La preocupación por descubrir la forma en que el poder se ha venido estructurando desde las diversas formas de presentar la realidad llevó a la mayor parte de los pensadores mencionados a ir dejando de lado los mecanismos reales de ejercicio del poder; es decir, la realidad fue progresivamente vista como una construcción social, cada vez más alejada de lo real. La idea de que la realidad social es una construcción social discursiva ha impregnado el corazón de las ciencias sociales contemporáneas. Estas ideas deben ser rastreadas en el pensamiento de Lacan quien ofreció a la intelectualidad francesa de la postguerra las herramientas conceptuales y las fuentes de inspiración para el desarrollo de la visión postmoderna de la sociedad.

En el presente artículo sostengo fundamentalmente dos cosas: la primera, que gran parte de los enfoques realizados desde la postmodernidad son tributarios del confuso e inconsistente conjunto de planteamientos lacanianos; la segunda, que ésta intrincada e inaccesible forma de presentar la realidad no corresponde sino a un discurso anti-racional y que en ese contexto debe ser entendidas las interpretaciones postmodernas. Como consecuencia de ello extraigo la siguiente conclusión: en la medida en que el discurso de la postmodernidad es tributario del pensamiento lacaniano constituye una negación de la naturaleza y razón de ser de las ciencias sociales: romper con la alienación y mostrar la realidad tal como está se produce.

Para demostrar lo que aquí sostenemos pasaremos a examinar la piedra angular de los planteamientos de Jacques Lacan sobre lo que son lo real, lo imaginario y lo simbólico, llamados por él “registros” de lo psíquico. Trataremos en todo momento de hacerlo con la mayor claridad explicativa, pues consideramos que toda exposición que pretenda ser considerada como científica debe reunir esta mínima característica expositiva; todo ello en contraste con la nebulosidad propia de una teoría como la lacaniana, caracterizada por su oscuridad y por un lenguaje metafórico que no hace sino reducir su potencial explicativo y protegerla con relativo éxito de toda crítica racional. Hechas esta inicial observación y advertidos los lectores del espíritu que nos anima pasaremos a realizar una exposición de las ideas fundamentales que esgrimió Lacan sobre lo real, lo imaginario y lo simbólico, para luego someterlas al análisis en concordancia con la apuesta que desde aquí hacemos por la crítica como forma de acercarnos a la realidad.

Lo real, lo simbólico y lo imaginario en Lacan

En el llamado psicoanálisis de orientación lacaniana lo real, lo imaginario y lo simbólico forman parte del corpus fundamental de su propuesta. Estas tres instancias constituyen una tópica o estructura en la cual las tres dimensiones del funcionamiento de la psique operan como una compleja estructura a manera de un nudo borromeo. El funcionamiento psíquico requiere de la concurrencia de los tres registros.
La relación entre estas tres instancias tuvo dos momentos en el pensamiento de Lacan: el primero, a partir de 1953, cuando enunció su interpretación y; la segunda, desde 1970, ante el fracaso de su intento de formalizar su teoría a través de matemas.[1] Pronto Lacan se percataría de la imposibilidad de expresar la relación entre los “registros” a través de la notación algebraica, llegando a abandonar la relación que entre ellos había planteado desde 1953.
Ante el fracaso de Lacan por matematizar su propuesta invirtió la relación entre los registros. A partir de 1970 lo real  pasó a determinar el lugar central en la estructura de los “registros” de lo psíquico, en reemplazo de lo simbólico, que hasta ese momento ocupaba el primer lugar. El nudo borromeo fue la representación de la relación del tópico lacaniano. Ante el retiro de uno de los anillos (en el caso de la propuesta lacaniana, de alguno de los “registros”), se produce el desanudamiento de los otros dos. A continuación pasaremos a exponer la definición de lo real, lo imaginario y lo simbólico que nos ofrece Jacques Lacan.

Para Lacan lo real es aquello que no se puede expresar a través de la palabra o el lenguaje; es decir, es lo no conceptualizable. Lo real no se puede imaginar ni representar. Lo real es indeterminado. Por ello, lo real, de acuerdo a Lacan, es accesible solo a través de la comprensión de lo imaginario o lo simbólico. Aparece en la esfera de la sexualidad, el horror, el delirio y la muerte. Su característica principal es la de no ser representable y el de tener existencia propia. Sin embargo, pese a ello, Lacan nos ofreció una visión paradójica de lo real al proponer que lo real es el no-fundamento que subyace al significante. Lo real es, en suma, un no-concepto. Lacan, de igual forma,  hizo una diferenciación entre lo real y la realidad, entendiendo a esta última como perteneciente al mundo del lenguaje, de lo simbólico.

Lacan, evidentemente, a partir de lo real nos invita a renunciar a la razón. No solo nos plantea que lo real no es accesible al entendimiento humano sino que en sí mismo es una realidad primaria y sustancial innombrable, pre-lingüística, un imposible racional. Presentada bajo un lenguaje atiborrado de metáforas y alusiones imprecisas, los planteamientos de Lacan, evidentemente, adolecían de las más elementales condiciones para ser considerados como científicos por las siguientes razones:

- Toda ciencia se refiere, en principio, a la realidad. Pero en el planteamiento de Lacan la realidad es lo que la gente cree que es y no lo que es, por ser esta última inaccesible.
-Carece de una explicación sencilla sobre la realidad. Toda ciencia tiene como condición sustancial el referirse a la realidad, o a un aspecto de ella, en un lenguaje sencillo donde se aprecien las relaciones fundamentales.

- Los casos que presenta Lacan, como evidencia de lo que sostiene, no pueden ser replicados por otros investigadores, quedando únicamente el parecer y testimonio de Lacan como único soporte de lo que él mismo sostiene.

- Evidencia una profunda contradicción lógica al plantear que lo real es innombrable e inaccesible; pero, sin embargo, se refiere a el, a su comportamiento y función. Si lo real es inaccesible; pero a la vez, accesible a través de lo simbólico, entonces es cognoscible y nominable por el lenguaje. Si esto último es cierto, entonces, lo real podría ser comprobado a través de  comprobación indirecta, con lo cual negaríamos la propia definición de lo real.

Lo imaginario es el “registro” no lingüístico de la psique. Se forma a través del pensamiento más primario, el de las imágenes. De acuerdo a Freud la percepción deja ciertas marcas psíquicas. Lacan aportó su llamado “estadio del espejo” para explicar como el sujeto puede explicar su imagen como un Yo, diferenciado de otro ser humano. Esta diferenciación, de acuerdo a Lacan se forma mediante la imagen que proviene  de otro.

Lo simbólico es el registro de la psique que se funda en el lenguaje. Esta unido a la habilidad que adquiere el infante el infante para materializar su deseo a través del discurso. Para Lacan en el infante la Ley, el Orden y el Logos se instaura mediante la función paterna. El pensar racional pertenece al registro de lo simbólico.

Jacques Lacan en el Seminario 8 La transferencia (1960-1961) sostuvo lo siguiente:

"Este símbolo Φ (Phi mayúscula) [...] lo designé brevemente, quiero decir, de una forma rápida y abreviada, como símbolo del lugar donde se produce la falta del significante [...]Pero cuando lo he introducido hace un momento, he dicho símbolo falo, y quizás este es, en efecto, el único significante que merezca en nuestro registro - y de un modo absoluto - el título de símbolo.”
El Símbolo (Φ Phi mayúscula) es la representación de lo que Lacan llama entonces el «falo simbólico», que no es otra cosa que el momento de la emergencia de la psique.  

En suma, el enfoque lacaniano, en realidad, no pasa de ser una confusa y contradictoria visión de lo psíquico. Una manipulativa visión de la realidad que constituye, en la práctica, una reacción frente a la razón y a sus posibilidades. El psicoanálisis lacaniano es el abandono a toda posibilidad de enfrentar la vida con lucidez, de comprender el mundo circundante y psíquico del ser humano. Aunque no podemos negar la gran habilidad de Lacan para recurrir a influencias de diferentes orígenes- que iban desde la filosofía hasta la topología y el análisis combinatorio, pasando por enfoques tan diversas como los de Freud, Saussure, Hypolite, etc- para justificar sus interpretaciones psicoanalíticas, podemos afirmar que estos carecen de la consistencia interna y de la validación para ser tomados en cuenta como argumentos racionales.

El psicoanálisis lacaniano, discurso postmoderno y anti-razón.

El psicoanálisis lacaniano al igual que el discurso postmoderno son tributarios de las teorías de Ferdinand de Saussure. Ambos parten de la idea de que la realidad es, fundamentalmente, una construcción del lenguaje y que esta no es más que una ilusión, al considerar que lo real es inaccesible. Es decir, toda conceptualización sobre la real no es sino una suerte de ficción, de representación simbólica sobre lo real, que queda reservada a lo no representable, a lo incomunicable a lo incomprensible e innombrable.

En éste sentido, toda preocupación por desentrañar lo real, partiendo de la definición lacaniana, termina siendo infructuosa. En términos prácticos representa la renuncia a la posibilidad de conocer. El discurso postmoderno ha hecho suyo este planteamiento al reconocer la imposibilidad de determinar si una representación de lo real (la realidad, de acuerdo a la definición postmoderna inspirada en Lacan) es más verosímil que otra. . Apreciando la propuesta postmoderna de tolerancia- desde sus fundamentos- frente a las diversas visiones sobre lo existente, en realidad lo que encontramos no es un afán por profundizar los planteamientos democráticos, producto de la modernidad, sino más bien el de socavar las bases sobre las que se ha construido el conocimiento humano, al desconocer que exista alguna posibilidad de adentrarnos en lo real.

Sobre la aseveración de que la realidad es una construcción social diremos lo siguiente. En principio no existe diferencia alguna entre lo real y la realidad. Esta diferenciación nos invita a pensar lo existente en términos metafísicos. Pero en el caso del planteamiento filosófico de cual parte Lacan, es simplemente incognoscible, ya que el conocimiento racional está necesariamente mediado por el lenguaje. Lo que los postmodernos identifican como real es la realidad misma. Los llamados discursos sobre lo real; es decir, la realidad, no son sino las representaciones simbólicas de la realidad, pero no son la realidad misma.

Las acciones sociales o la conducta social son efectivamente reales aún cuando se realicen partiendo de representaciones inexactas de la realidad. Es más, la creencia misma en esas representaciones es parte de la realidad, pero ello no implica que el contenido de esas representaciones corresponda a la realidad. Es evidente que las acciones sociales producen la realidad social, independientemente de que ellas se produzcan por la acción de ideas o pensamientos que concuerden o no con la realidad. Pero ello no implica, de ningún modo, que el discurso sobre la realidad sea confundido con la realidad misma. La realidad social es una construcción, efectivamente, pero no es una construcción discursiva, sino una construcción a nivel de la praxis social. La praxis social engloba tanto las creencias que motivan la conducta como las acciones sociales que permiten que las creencias sean objetivadas. Para esclarecer este asunto plantearemos el siguiente ejemplo:

Un grupo de fieles decide rendirle culto al dios en que creen. Para ello realizan una procesión con la imagen de su dios como símbolo de su fe. En este sentido, la creencia en su dios, independientemente de que este en la realidad no exista más que en la cabeza de sus fieles, se objetiviza. Sin embargo, se objetiviza la creencia y su manifestación no el dios en el que creen. La creencia en ese dios hizo posible que se produjera la procesión, y eso construye a la sociedad, pero ello no quiere decir, en ningún caso, que ese dios pueda ser considerado como existente.

Slavoj Zizek

La posición postmoderna, al negar a posibilidad de conocer lo real, y al condenar el conocimiento a solo tener constancia de los discursos sobre lo real lo que hace, en la práctica, es plantearnos la imposibilidad de determinar si la forma en que es visto lo existente lo refleja o no. Ello significa que la ciencia desaparece y que cualquier discurso, por más disparatado que sea, es incontrovertible. Cualquier visión sobre la realidad tiene cabida. Nada se refiere a los hechos, nada es comprobable, todo son solo discursos, justificaciones. No hay diferencia entre lo que es racional y lo que no lo es. En éste sentido, el discurso postmoderno constituye, esencialmente, la mayor negación de la razón. Esto parece paradójico pues se ha instalado eficazmente en el corazón de las ciencias sociales, incluso podríamos decir que ocupa un papel central en el discurso antropológico y sociológico contemporáneo, especialmente en los estudios culturalistas. Más bien diremos que, pese a que las investigaciones inspiradas en el discurso postmoderno pueden exhibir la aplicación de determinados métodos de investigación social, al carecer de la pretensión por reflejar lo real, en realidad han abandonado la primera condición para que una actividad pueda ser considerada como científica: la búsqueda por explicar aquello que existe con independencia del observador.

Pero ello produce importantes consecuencias a nivel de la función social que los fundamentos lacanianos cumplen en el discurso postmoderno. Nos referimos específicamente al hecho de que las ciencias sociales aparecieron y se desarrollaron teniendo como fin el desentrañar los mecanismos que hacen posible la vida en las sociedades. Sin embargo, si asumimos que todas las visiones sobre la realidad (que el lenguaje lacaniano y postmoderno denominan “lo real”)   son igualmente aceptables,-por ser lo real  inaccesible al conocimiento humano-, entonces no existe diferencia alguna entre una explicación mitológica sobre la realidad o una propia de las llamadas ciencias sociales. Esta es, precisamente, la razón por la que los intelectuales postmodernos utilizan el término discurso para todo tipo de visión y explicación de la realidad y omiten de manera deliberada la definición de ciencia para las descripciones y explicaciones obtenidas por enfoques y métodos científicos.

Si la modernidad significó la época de la supremacía de la razón; entonces, la postmodernidad no es otra que la anti-modernidad. La época de la anti-razón, el fin de las ciencias, y en particular de las ciencias sociales. No es la crítica de la razón desde la razón la que la anima sino la negación de la razón desde la sinrazón.

Conclusión

El discurso lacaniano, como fuente principal de la interpretación postmoderna de la realidad, ha contribuido, como discurso social, como interpretación de la realidad social a dos cosas fundamentales: por un lado a eliminar la cientificidad de las ciencias sociales, impregnándolas no sólo de un contenido metafísico sino también de la imposibilidad de que éste sea accesible al entendimiento humano. Por otro lado, al asumir que las ciencias sociales no son sino simples discursos ideológicos, carentes de todo potencial explicativo, quedan despojadas no solo del reconocimiento de su capacidad analítica, sino de su función social.

En este sentido, diremos que aquellas interpretaciones asentadas sobre los conceptos lacanianos de lo real y de su diferenciación radical con la realidad contribuyen al desmantelamiento de la cientificidad de las ciencias sociales, a su conversión en simples discursos banales, oscuros y alienantes.

La renuncia al conocimiento implica, necesariamente, el abandono de toda determinación de la realidad, y por ende de la crítica; habida cuenta que la crítica parte de la discriminación entre los diferentes enfoques sobre la realidad, a la luz de los fenómenos y hechos. No hay crítica sin referencia a la realidad (o lo real como le llaman los postmodernos) y la contrastación de posiciones frente a otros enfoques sobre la realidad. En este sentido, la postmodernidad como conjunto de planteamientos teóricos sustentados en un relativismo irracionalmente sustentado, hace imposible toda crítica y, por ende, todo cambio social. En suma, el discurso postmoderno es, esencialmente, un discurso conservador sustentado en la irracionalidad.



[1] El término matema fue introducido por Lacan para referirse a la conversión de su propuesta psicoanalítica a la notación algebraica. El término fue tomado del término mito, trabajado por Lévi-Strauss y el griego mathema, que se puede entender como conocimiento.