Translate

domingo, 26 de agosto de 2012

La cultura del éxito en el Perú



Por Daniel Loayza Herrera


La cultura del éxito en el Perú es un fenómeno de vital importancia para comprender, en gran medida, los discursos que sobre la realidad se han ido estructurando en nuestro país desde la década de 1990. En su configuración han intervenido diversos factores e influencias, tanto de carácter internacional como nacional. Esta nueva cultura que tiene al éxito como el ideal supremo es difundida hábil e incesantemente por  todos los medios de comunicación. En todos ellos se hace eco del mensaje “edificante” que los “gurús” del éxito transmiten a través de vídeos y libros motivadores con el fin de convertirnos en personas exitosas y felices.

En principio, las características más importantes de esta cultura exitista pueden ser sintetizadas en los siguientes puntos:

a)      Plantea que todos podemos ser exitosos, no importa cuán difíciles puedan ser las circunstancias que debamos enfrentar. Si estamos convenientemente motivados y somos perseverantes todos nuestros anhelos pueden ser alcanzados.

b)      Las estructuras sociales no son determinantes para que alguien pueda ser exitoso o fracase.

c)      La realidad es relativa en cuanto a la forma en que nosotros la percibimos. No existe la realidad objetiva. Si vemos la realidad como limitante nos será limitante; pero si la vemos como una oportunidad será tal.

d)      El éxito se puede definir como el estado en el cual un individuo puede mantener altos niveles de consumo, como consecuencia de sus altos ingresos económicos. El éxito se expresa en la elevada capacidad que tenemos para consumir.

e)      La cultura del éxito niega todo carácter moral a las conductas humanas. Lo que le permite a un individuo alcanzar el éxito, per se, está bien. Los principios morales son más bien restricciones que una persona exitosa no se puede permitir. 

La cultura del éxito ha convertido a aquellos, que hoy llamamos “emergentes” en una suerte de héroes de la sociedad. Ellos son los nuevos arquetipos a los cuales hay que seguir. Pero esos paradigmas modernos tienen sus secretos, hábitos y conductas que solo unos cuantos llegan a conocer. Es por eso, que se hace necesaria la existencia de “gurús” del emprendurismo, de expertos capaces de desentrañar el secreto de los exitosos y poner en  conocimiento esa llave salvadora al gran público. Pero ante esto surge la pregunta ¿Cómo se generó esta cultura del éxito en el Perú? ¿Qué factores han contribuido con ello?  Pues bien, los factores que han permitido esta particular configuración son tanto de carácter internacional como nacional.

FACTORES INTERNACIONALES

El ocaso  de la fe en la práctica política y revolucionaria como forma de transformar la realidad

Uno de los factores más importantes fue la caída del socialismo en el mundo. El derrumbe del socialismo en el mundo significó  el fin de una época en que se creía que una revolución social podría alterar las estructuras sociales y dar inicio a una sociedad donde la explotación, la desigualdad social y el fracaso no tendrían lugar. Con el cayó igualmente la creencia en la política como practica capaz de construir una sociedad mejor. De esta forma el viejo mito de la revolución política, construida desde la Revolución Francesa y continuada por las revoluciones socialistas en todo el mundo, ceden su lugar a la idea de que la política ha fracasado y que junto con ella el Estado también. Esta creencia fue hábilmente reforzada por los medios de comunicación en todo el mundo. Los adalides del neo-liberalismo anunciaron al mundo que la economía había triunfado sobre la política, que el mercado era la única alternativa de mejora. La idea de la acción social colectiva entró en crisis. Se impuso la sensación de que solo existen acciones sociales individuales, intereses particulares, que iban en concordancia con una nueva imagen de la sociedad: la sociedad no está formada por clases, sino por individuos que persiguen de manera egoísta satisfacer sus propios intereses y deseos.

Desde esta perspectiva no solo resulta imposible transformar la sociedad a través de la acción colectiva, sino que, en general, es imposible transformarla. El victorioso sistema capitalista se presento como un sistema que expresa la genuina naturaleza humana: el hombre es un ser individual y el mercado es la mejor expresión de esta naturaleza.

A partir de ahí la idea hegemónica puede ser sintetizada de la siguiente manera: no intentes transformar la realidad, solo sálvate tú. Siempre existirán pobres y ricos, solo lucha para que tú no estés entre los pobres. Toda mirada histórica se pierde para dar paso a una visión de la realidad social estacionaria, en la cual las relaciones sociales solo pueden cambiar por acción de la tecnología, pero conservando su esencia.

 

La cultura de consumo

En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial las potencias industriales se vieron obligadas  a canalizar su producción, antes dedicada a la fabricación de armamentos, hacia la creación de productos de  uso civil. Era pertinente para ello convencer a los consumidores de que la felicidad dependía en gran parte de lo que uno consumiera. El marketing hizo su aparición y la publicidad se desarrolló como nunca antes lo había hecho gracias a la televisión. Los publicistas lograron construir lo que se ha venido a llamar el “estilo de vida americano”, marcado por una irrefrenable propensión a consumir. Esta cultura del consumo masivo, estuvo acompañada de la estructuración de una sociedad masificada, en la cual se podía hablar del ciudadano promedio, del ama de casa promedio, etc.                                                                                     

 Los economistas median el bienestar de los pueblos según su ingreso per cápita y, por consiguiente, por la cantidad de gasto per cápita. El “virtuoso” círculo entre producción y consumo se convirtió en la única medida de bienestar. Pronto el estilo de vida americano se extendió a nivel mundial. La avalancha cultural norteamericana a través del cine, la televisión y la música fueron asimiladas por las clases altas y medias de América Latina y de otras partes del mundo.

El relativismo moral

Como resultado de la expansión del capitalismo y de la llamada mercantilización de las relaciones sociales, se impone una racionalidad instrumental a la cual lo único que le interesa es  la maximización de los beneficios económicos. La economía se emancipa de toda consideración moral, lo que significa que el objetivo de alcanzar grandes ganancias no necesita ninguna justificación ética. En este sentido, la economía se impermeabiliza contra toda posible crítica: Business son business  (Negocios son negocios) es el lema de esta nueva actitud, ajena a toda restricción ética. Nada hay que plantear al respecto: si lo que se hace da dinero es criterio suficiente para actuar. La vieja moral cristiana queda entonces descartada, pero sin reemplazo. Es aceptable que apelemos a cualquier recurso con tal de obtener ganancias. No hay problema, pues el éxito lo justifica.  La moral depende de cada uno. Cada uno es libre para determinar que es bueno y que no. Es bueno si le conviene y es malo si le perjudica económicamente.

FACTORES NACIONALES

Las migraciones y el crecimiento de la informalidad económica

Producto de la crisis estructural de la sociedad peruana en el espacio rural, lo que se evidencia en la baja productividad del latifundio serrano, así como en el desarrollo de la economía urbana, se produce un paulatino proceso de migración interna hacia las ciudades, especialmente a Lima. El Estado Peruano no tuvo capacidad de respuesta ante las demandas de trabajo, vivienda, educación, salud y otros servicios básicos que la población necesitaba. Frente a la ausencia del Estado, específicamente  las anquilosadas instituciones y marco legal, aparece y se desarrolla un masivo proceso de informalización de las actividades económicas.                                                               Los migrantes pronto fueron generando amplios espacios económicos fuera de la legalidad, auténticos mercados, que permitieron el crecimiento de zonas marginales alrededor de la tradicional ciudad de Lima. El desarrollo de estos mercados permitió a muchos de los migrantes alcanzar la prosperidad económica. Este enriquecimiento, por parte de muchos integrantes de los tradicionales sectores marginados de la sociedad peruana, permitió la construcción de un imaginario del progreso basado exclusivamente en el esfuerzo individual. Todo esto contribuyó a reforzar la idea de que el estado y la política no cumplen ningún papel en la mejora de las condiciones de vida de la gente.

 

La crisis del Estado y de la política peruana

El Estado peruano, como consecuencia de su inoperancia institucional y de la crisis económica interna que se inició durante la década de los años setenta  y que se hizo más profunda durante la década de los ochenta, fue absolutamente incapaz de cumplir con las demandas populares de trabajo, educación, salud, vivienda y servicios básicos. El intento de construir un Estado del bienestar en el Perú tuvo un rotundo fracaso. Frente a esta incapacidad económica para hacer frente a las demandas sociales y la  ausencia de reformas durante la década de los ochenta, los gobiernos terminaron incumpliendo sus promesas electorales. El desfase entre el discurso político y las necesidades imperiosas de la población fue más agudo que nunca, Como consecuencia de todo ello, la gran mayoría de la ciudadanía se sintió alejada de los partidos políticos y de su discurso, produciendo el fenómeno de la informalidad política, expresada, entre otras cosas, en la candidatura de Alberto Fujimori a la presidencia, en 1990.

Informalidad Economica

La construcción de la cultura del éxito

La crisis internacional del llamado socialismo real, expresada en la Perestroika, la caída del muro de Berlín, así como el triunfo ideológico del neo-liberalismo encontró en el Perú un terreno bien abonado por la crisis del Estado y la política peruana. Los limeños de origen migrante encontraron en el neo-liberalismo más que un paradigma económico una imagen de la realidad concordante con sus propias historias de vida, con su esfuerzo individual por salir adelante.                                                                                                                                                      

Es justamente durante la década del noventa que empiezan a llegar a nuestro país los primeros discursos ideológicos que prometen el progreso económico como resultado del propio esfuerzo individual. Miguel Ángel Cornejo fue el iniciador de un discurso que prometía el éxito si se conocía  la fórmula para alcanzarlo: la excelencia. Presentaba convenientemente y con poco rigor ejemplos del llamado milagro económico japonés para ofrecernos la filosofía de la calidad total como medio de alcanzar la excelencia. Este discurso iba en perfecta concordancia con el paradigma ultraconservador impulsado por el gobierno de Alberto Fujimori. El discurso, bombardeado por todos los medios de comunicación y auspiciado por los nuevos profetas del progreso, puede ser sintetizado de la siguiente manera: “La pobreza material no se debe a las estructuras económico-sociales, sino a problemas de índole personal y psicológica, de actitud ante la vida, de falta de pro actividad. En suma, de no atreverse a ser un líder.

Pronto el conjunto de la sociedad peruana se mostró receptiva frente a este nuevo paradigma, hábilmente reforzado por los medios que muestran reportajes de personajes que se han convertido en ricos por su esfuerzo personal, olvidando a los cientos de miles o millones que, pese a su esfuerzo, no lograron enriquecerse.

Los nuevos “gurús”, desde la pasada década, Fischman y Guerra García, vienen explotando hábilmente este paradigma, construido desde la década de los noventa, para mostrarnos que es posible alcanzar el éxito estando convenientemente motivados y manejando algunas herramientas básicas de gestión empresarial. La vieja esperanza de que es posible superar la crisis para siempre y de que todos podemos ser líderes se ha remozado. Todos podemos ser como Gastón Acurio, el dueño de Topy Top o el de las galerías “El Rey”, de Gamarra es la esencia del mensaje.

El enriquecimiento económico se ha convertido en el valor más importante de la sociedad peruana contemporánea. Un objetivo que guarda concordancia con el capitalismo contemporáneo y que no admite ningún imperativo de carácter moral. De esta manera, nuestros nuevos “hombres de éxito” se miden por el valor de sus ventas, por el poder de su chequera y no por sus cualidades como una clase dirigente y pensante capaz de conducir las riendas del país bajo un nuevo paradigma social.

El significado de la cultura del éxito en la sociedad peruana

Este nuevo concepto de éxito esconde una profunda contradicción. Por un lado exalta la suficiencia del esfuerzo individual para alcanzar el progreso económico, de forma tal que aquellos que no logren el enriquecimiento deben ser reputados como mediocres, incapaces y fracasados. Por otro lado, lejos de ofrecernos una salida a los profundos abismos sociales y a la eliminación de las viejas diferencias sociales, configura un nuevo medio de legitimación de la marginación social en el Perú. Aquel que es pobre es mediocre e incapaz, por lo tanto merece ser marginado. Ahora se disponen de eficaces medios para que la marginación social pueda ser legitimada con absoluta eficacia.

En este sentido, nuestros nuevos “emprendedores exitosos” no hacen sino reproducir los más viejos y tradicionales mecanismos de dominación en el Perú. Estos nuevos “hombres de éxito” no nos plantean un nuevo paradigma social, lo cual queda evidenciado en el enorme desprecio que muestran hacia la cultura y el conocimiento, único medio para lograrlo. Esto se debe a que en esencia no aspiran a convertirse en una nueva clase dirigente en el Perú. Su nivel de individualismo les impide percibirse como parte de un sector con aspiraciones hegemónicas.

En suma, no creemos que la llamada cultura del éxito sea más que un discurso ideológico ultraconservador, muy bien instalado en la sociedad peruana, y que no tiende sino a ahondar la ya histórica marginación social con mecanismos mas eficaces que los tradicionales y ya desgastados.