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lunes, 19 de mayo de 2008

Los paradigmas educativos y la concepción del conocimiento

Por: Daniel Loayza Herrera

Es común escuchar debates sobre la importancia de aplicar metodologías constructivistas en el aula. Una de las razones que se sostienen al plantear esta idea consiste en considerar que los alumnos aprenden más que aquellos que lo hacen bajo las metodologías directivas y tradicionales. Sin embargo, estos argumentos a favor de los métodos constructivistas generalmente se basan en presunciones carentes de una demostración científica.
La demanda que los llamados colegios pre-universitarios evidencian en los actuales momentos, y eso explica porque muchas academias se han orientado hacia este mercado, se debe, entre otras razones, a que preparan para la universidad. En la concepción de muchos padres y alumnos, el preparar para la universidad significa que el alumno va a estar en condiciones de responder el examen de admisión, vale decir el alumno va a aprender. Entonces la conclusión es que los alumnos que estudian en los colegios llamados pre-universitarios saben. Lógicamente esta imagen se ve reforzada por el hecho de que algunos de estos centros imparten, desde la primaria, cursos como química y geometría, lo cual contrasta con los colegios llamados “tradicionales”.
Es pertinente observar, sin prejuicios de considerar a ciertos colegios mejor que otros, que lo que está en juego no es en donde se le “enseña más”, sino en cual aprende mejor.
En realidad el asunto debe ser esclarecido partiendo de la pregunta ¿ La concepción tradicional del aprendizaje es la misma que la constructivista? La respuesta es que no. Para la concepción tradicional, aprendizaje es la capacidad para reproducir una cantidad de información, de retenerla el mayor tiempo posible, de memorizar procedimientos y contenidos. Es la imagen enciclopédica del conocimiento Esta asociada, por ejemplo, a la solución de problemas matemáticos a partir del conocimiento de sus métodos de resolución o al saber relacionar obras literarias y autores. En cambio, para los nuevos enfoques pedagógicos, inspirados en el constructivismo, el conocer es la capacidad de procesar información, de desarrollar el pensamiento inductivo, de innovar en los métodos de resolución de operaciones matemáticas, de despertar la imaginación, de saber disfrutar de una obra literaria y comprenderla. Las diferencias son entonces evidentes y es erróneo compararlos a la luz de la visión tradicional.
Sin embargo, sería importante, con fines de esclarecimiento, definir algunas cuestiones. El conocimiento, en estos tiempos, avanza a una velocidad tal que muy pronto un conocimiento o una idea queda rápidamente desfasada. La concepción tradicional del aprendizaje lleva implícita la idea de que el conocimiento es inamovible y acumulativo, por esa razón, se cree que simplemente hay que almacenarlo; mientras que la nueva concepción pedagógica considera que el conocimiento es flexible, que cambia, se transforma, se afirma y desaparece, que es posteriormente reemplazado por otro que explica mejor los fenómenos ( esto lo aprendimos de Kuhn) por ello es mejor que el alumno desarrolle capacidades antes que memorizar datos o procedimientos.
Es así que en el debate los métodos innovadores salen aventajando a los tradicionales. Pero ello no implica que las escuelas tradicionales sean mejores que las llamadas pre-universitarias, salvo que demuestren que sus alumnos tienen más capacidad de análisis, síntesis y que hayan desarrollado el pensamiento crítico más que las llamadas pre-universitarias; más aún cuando, en muchos casos, no alcanzan, con el pretexto de desarrollar capacidades, ni siquiera el nivel informativo de las otras.
No hay que olvidar, en todo caso, que la información no es enemiga del análisis, la reflexión ni la crítica. En realidad, estas no son posibles sin un nivel de información. Tampoco que en los países donde se impulsa con más fuerza el constructivismo es justamente en donde los métodos tradicionales ya cumplieron con proveer de información mínima a sus estudiantes, muy distinto del nuestro donde la mayoría de nuestros estudiantes y tal vez de nuestros profesionales son analfabetos funcionales.