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sábado, 6 de abril de 2013

¿La ciencia demuestra la existencia de Dios?: una crítica al llamado principio antrópico


Como consecuencia del desarrollo de la Física y, especialmente, de producir una conciliación entre las formulaciones propias de la ciencia y la reflexión filosófica y teológica apareció el llamado principio antrópico. En principio antrópico fue inicialmente propuesto por  Brandon Carter  y sostiene que la existencia y el comportamiento de la materia en el universo solo puede ser entendida en relación al ser humano. Es decir, ante la ausencia de evidencia concreta sobre la existencia de vida inteligente en otras partes del universo, podemos señalar que el origen y desarrollo del universo tiene sentido sólo en la medida que ha aparecido la vida inteligente humana. 

El planteamiento fundamental del llamado principio antrópico se sustenta en serias investigaciones, realizadas por distinguidos científicos- todos ellos de primer nivel- que demuestra, de forma consistente, con los datos observados, que la vida habría sido imposible ante una pequeñísima variación en los valores de la materia a nivel cuántico. A partir de ahí, algunos de ellos han enunciado que pareciera que todo el universo hubiese sido ajustado para que la vida inteligente fuese posible en algún confín del universo; pero como quiera que sólo tenemos certeza de que eso se ha producido en la tierra y que sólo el hombre es inteligente en nuestro mundo, parece que todo el universo hubiese tenido como fin último de su existencia la aparición del hombre.  

Este interesantísimo planteamiento viene a refrescar una vieja discusión, los ya antiguos encuentros y desencuentros entre la ciencia y la religión, entre la razón y la fe. Ciertamente, en la medida en que tengo convicciones ateas, siento el deber,-y por qué no el placer-, de examinar sus postulados fundamentales para poder dilucidar sus alcances y la consistencia de los argumentos y las inferencias que se extraen de éste principio que, considero, enriquecen enormemente la discusión inteligente sobre cuestiones que unen tanto a quienes somos ateos como a aquellos que sostienen que Dios existe y que hay pruebas para ello. 
Con el mejor ánimo de analizar los alcances de ésta postura, y para eliminar toda posibilidad de que la forma en que presentamos sus ideas fundamentales no sea consciente o inconscientemente desdibujada,-en vista de mi manifiesto ateísmo-, pasaré a ofrecerles un extracto de una entrevista al distinguido Padre de la Iglesia Católica Manuel Carreira, astrofísico y docente universitario en la Universidad de Cleveland, Estados Unidos. Luego de apreciar el video pasaré a examinar sus ideas con el fin de determinar los alcances de su postura.


El padre Carreira da inicio a su explicación partiendo del hecho de que quienes han planteado el principio antrópico son distinguidos físicos y no filósofos o teólogos. Esto es muy importante de ser tomado en cuenta pues eso implica, necesariamente, que toda su argumentación,- a juicio del padre Carreira- está sustentada en la ciencia.

Quisiera detenerme en el anterior punto pues, entendiendo su argumentación de manera integral, se desprende que - no pudiéndose comprender de otra forma, considerando que siguió su línea argumentativa sin interrupciones- lo que el Padre Carreira pretende, en última instancia, es sostener que a juzgar por los datos de la ciencia se puede inferir científica y lógicamente la existencia de Dios. Ciertamente, es lo suficientemente hábil para eludir un asunto fundamental: la necesaria demostración científica sobre la existencia de Dios, que lo planteamos a través de las preguntas siguientes: ¿existe evidencia empírica observable que demuestre que Dios existe?, y , ¿ Existe alguna relación de necesidad para determinar que la única forma válida de interpretar los datos empíricos, observados por los físicos, es la existencia de Dios?.

El padre Carreira empieza su argumentación citando las dos preguntas que planteara el Físico norteamericano John Archibald Wheeler: ¿Por qué hay algo en lugar de nada?, y, ¿Qué relación hay entre las propiedades del universo en su primer momento y nuestra existencia?

En principio una cosa es la ciencia y otra los científicos. Esto es, que cualquier científico puede elaborar, y de hecho muchos lo hacen, preguntas metafísicas que están más allá de la ciencia o fuera de su ámbito. Cuando Archibald se pregunta ¿ Por qué hay algo en lugar de la nada? Lo que está haciendo es una pregunta que nada tiene que ver con la ciencia. La ciencia no puede formularse esas preguntas porque da cuenta de lo existente y de las propiedades y cambios de lo existente, no de principios inmanentes a los existente. La razón de ello es que, partiendo del hecho de que el tiempo es una propiedad de la materia, antes de la existencia de la propia materia no existía el tiempo; por lo tanto, no puede existir ninguna causa, razón o principio trascendente anterior a ella. Frente a la segunda pregunta, para que ésta pueda ser considerada como una seria pregunta científica debe elaborarse dentro de las siguientes condiciones:

1.- No debe formularse como una pregunta asociada a la primera, pues implica que ambas se responden mutuamente y de manera conjunta e indisoluble. La razón de ello radica en que la primera es una pregunta metafísica, fuera de cualquier relación con la ciencia.

2.- Desde el punto de vista científico la pregunta ¿Qué relación hay entre las propiedades del universo en su primer momento y nuestra existencia? Debe entenderse, necesariamente, a la luz de lo que sabemos de la materia. En ese caso, debe ser respondida a nivel de las características que el ser humano tiene como especie existente gracias al carbono y los demás elementos existentes en el universo.

En este sentido, el Padre Carrera pretende establecer una relación inapropiada, amparándose en las disquisiciones metafísicas del Físico Archibald, una especia de apelación ad verecundiam por el hecho de que Archibald es autoridad en temas científicos, mas no metafísicos. Esta falacia, ciertamente, no es un desliz del padre Carreira, considerando que el también es Físico y conoce perfectamente los alcances y límites de la ciencia.

Posteriormente, el Padre Carreira, menciona una importante reflexión del Físico Archibald Wheeler, donde sugiere que una existencia inteligente ajustó el universo de acuerdo a un plan de creación:

“…y él hace luego un raciocinio que podría haber firmado Santo Tomás donde dice: “ la propiedad más absolutamente propia de la materia es su mutabilidad. Toda la ciencia estudia los cambios de la materia. Pues bien, toda mutabilidad implica la posibilidad de existir de diversas maneras. Aquello de que hablamos como mudable no está determinado a existir sólo de una manera” y, luego añade, “ todo aquello que puede existir de diversas maneras tiene que ser ajustado intrínsecamente para que exista de una manera concreta y no de otra de las posibles”…”.y, por tanto, el universo tuvo que ser ajustado ya en su primer momento, y ese ajuste tiene que tener un fin, y el fin que se descubre es ajustarlo para que pueda existir la vida humana”.

El padre Carreira al decir “…y el hace un raciocinio que podría haber formado Santo Tomás…”, quiere dejar nuevamente por sentada la siguiente inconsistente relación: las disquisiciones de Archibald son científicas- Lo que dice Archibald es fundamentalmente lo mismo que dijo San Agustín; entonces, lo que dijo San Agustín está corroborado por la ciencia contemporánea. En la medida en que no existe un solo dato empírico que demuestre la existencia de Dios, así como tampoco la necesidad de explicar el funcionamiento de la materia a partir de una fuerza no material, entonces, podemos colegir que estamos ante un segundo argumento falaz del padre Carreira.

Luego, citando las reflexiones no científicas del físico Archibald, sostiene básicamente lo siguiente:

-       Como la materia puede existir de múltiples formas, entonces todo fue ajustado para que exista de la forma en que hace posible la vida humana.

Esta contradicción del Padre ya no solo es flagrante, sino escandalosa. Si el universo tuvo un fin anterior a su propia existencia, entonces hubo un antes al universo mismo. Si hubo un antes al universo mismo entonces no es cierto que el tiempo sea un atributo de la materia, tal como lo establece la Física como principio fundamental y no cuestionado. Si el Padre plantea que el tiempo es anterior a la materia se está saliendo del cauce de la ciencia. Si el Padre se ha salido de cauce de la ciencia, entonces mal hace en querer sustentar sus ideas desde el punto de vista científico. En suma, el Padre realiza un grosero razonamiento que no soporta ni el más leve análisis de consistencia lógica.

Luego, el Padre Carreira sostiene: “No nos importa hablar de otros universos, no nos importa hablar de otras humanidades, el universo cumple su destino cuando existe un planeta que es la tierra, por lo menos uno, donde se da la vida personal, inteligente, y como una última frase, si el creador es inteligente y libre tiene los atributos propios de la persona…”

Nuevamente, surge la pregunta: ¿De dónde deduce, desde el punto de vista científico, que el universo tiene un destino? Si tiene un destino, entonces ya todo está determinado, y lo estaría, necesariamente, desde el momento anterior al surgimiento del propio universo. Pura metafísica religiosa y anti-científica.

Al final, añade: “Para una persona la razón última de crear no puede ser que le gusta ver quemarse estrellas, ni que le gusta ver lagartijas corriendo por el suelo, una persona solo puede satisfacerse con relaciones personales y, entonces, el universo está hecho para quienes pueden tener relaciones personales con el creador personal”.

Realmente, este argumento enredado y absolutamente ilógico ya raya con el más obseno contrabando ideológico. En principio, le atribuye al supuesto Dios, que se empeña en demostrar, una semejanza con las personas; pero no solo eso, le atribuye determinados gustos. Sabe de forma apriorística que es lo que le gusta. Como el ser humano no ha creado a las estrellas ni a las lagartijas que corren por el suelo, no cabe duda que se refiere a Dios. Pero luego utiliza el mismo término “persona” para referirse ya no a Dios sino al hombre, buscando producir un enredo indescifrable. Interpreta sin ninguna evidencia empírica, sin el más leve sustento lógico, que las personas solo pueden satisfacerse a través de las relaciones personales. Al final concluye de la forma más grosera, desde el punto de vista lógico y empírico, que el universo está hecho (ojo alguien lo pensó y luego lo creó) para que los hombres tengan una relación personal con el creador.

Este es un ejemplo de cómo se pretende sostener, falazmente, la existencia de Dios desde la ciencia, y de cómo muchos, apelando a inconsistentes reflexiones efectuadas por algunos científicos de renombre y valía en el campo de la ciencia, pero no necesariamente en la filosofía o la teología, realizan un auténtico contrabando ideológico que colisiona con la razón.