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domingo, 3 de enero de 2010

LO PSÍQUICO: EL NUEVO ESPACIO DE LA DOMINACIÓN

El temor a perder el empleo, a no poder existir y desarrollarse como empresario, a no alcanzar el futuro anhelado; en síntesis, el miedo al fracaso es la otra cara de la moneda del discurso “exitista” contemporáneo.

Las formas de dominación han transmutado. Ahora las organizaciones ya no recurren al encierro. No es necesario controlar los cuerpos. Los individuos ya no luchan contra la explotación sino para poder ser explotados. Los que tienen trabajo deben luchan y esforzarse cada día para permanecer en sus trabajos y los que no lo tienen aunque sea para conseguirlo. La sensación de inseguridad campea por todas partes. Nada es seguro. Debemos esforzarnos cada día más para, al menos, asegurar nuestra supervivencia biológica.


El compromiso laboral, el generar cada vez un mayor valor-agregado, el aportar más que los otros a cambio de lo mismo, aprender a decir siempre “si” es la única alternativa para sobrevivir en las actuales circunstancias.

Esto nos impone el castrar toda manifestación de disidencia, de pensamiento cuestionador o crítico. Si somos nosotros y no la empresa ni el mercado los que desean nuestra permanencia, toda resistencia a dejarnos explotar indicará que el individuo no está satisfecho. La respuesta será: “las puertas están abiertas, puedes irte”.

“El mundo es tuyo, pero tienes que ganártelo” retumba en todas las mentes, producto de la masiva campaña ideológica. El sistema persigue la eficiencia, la competitidad. Si no te adaptas a él, desapareces. La responsabilidad del éxito reposa ahora en el plano puramente individual, no en las relaciones sociales. No hay que transformar a la sociedad, sino a uno mismo. Hay que convertirse en un “líder de excelencia”.

¿Cómo lograr esto? Sólo haciendo un esfuerzo consciente y consistente por alcanzar el éxito, auto-transformándose permanentemente hacia “la mejora”. El sistema nos exige, desde los medios de comunicación, las publicaciones masivas y las capacitaciones organizacionales, convencernos de la verdad de éste discurso. Lo que se hace es la expresión de lo que se piensa. Debemos controlar nuestros pensamientos. Este pensamiento de excelencia se hará evidente trabajando horas extras sin exigir pago alguno, participando en el baile anual del supermercado, en síntesis, mostrando que el tiempo dedicado a la familia es menos importante que el dedicado al trabajo.

La dominación de un sistema que promete el éxito a todos, en sí mismo un objetivo inalcanzable debido a las disparidades sociales y de oportunidades que el mismo sistema genera; se instala en la dimensión de lo psíquico. Este espacio de la dominación impide no sólo la aparición y desarrollo del pensamiento crítico sino además de la imaginación social. Por un lado, la sociedad es vista cómo justa, se impone el darwinismo social, al considerar que sólo los más capaces logran el ansiado “éxito”, vale decir los que lo merecen. Por otro lado, naturaliza las relaciones sociales, evitando mostrarse cómo un producto social e histórico que puede ser transformado, sobre el cual puede construirse una sociedad alternativa.

Esta situación produce una permanente frustración en quienes, cómo es natural no alcanzan el ansiado “éxito”. El sistema para poder prolongar la dominación y evitar la disidencia nos exhibe permanentemente los “casos de éxito”, mujeres y hombres como nosotros que hoy tienen dinero y dicen sentirse realizados. Estos son los escasos ejemplos de aquellos a los cuales el sistema les permitió la ansiada movilidad social y que ahora son usados para legitimarse a sí mismo. Esta esperanza en que podemos alcanzar lo que ese otro, presentado en la televisión, logro nos dará fuerza para espantar el fantasma del fracaso y renovará nuestro convencimiento de que el sistema funciona bien y que todo dependerá de nuestra constancia y lucha por alcanzar el “éxito”.