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martes, 23 de noviembre de 2010

EMPRENDURISMO O INNOVACIÓN?: EL DILEMA DEL DESARROLLO

No hay bienestar sin prosperidad económica y no hay prosperidad económica sin un aumento constante en la productividad y competitividad de nuestra economía. En nuestro país la iniciativa individual, también llamada emprendurismo, ha contribuido poderosamente a la creación de riqueza y empleo en el Perú desde la década de los 70´s hasta la actualidad. Sin embargo, la presencia de la iniciativa individual se nos presenta como un fenómeno en sí mismo insuficiente para consolidarnos como una economía con sólidas perspectivas de desarrollo hacia el futuro.

Las economías más desarrolladas del mundo basan su aumento constante en los niveles de productividad y de competitividad en la innovación; esto es en la investigación y el desarrollo de nuevos productos con alto componente tecnológico y valor agregado. La economía del conocimiento que vivimos actualmente ha acelerado este proceso, aumentando cada vez más y de forma muy acelerada la participación del conocimiento y la ingeniería en el valor final del producto, frente a las materias primas de las cuales está hecho.

Los países que actualmente muestran perspectivas de mayor solidez en cuanto a su futuro desarrollo económico y social son aquellos que pueden desarrollar actividades del más alto contenido tecnológico. Un ejemplo de ello es Israel. Este pequeño país, con una extensión geográfica que apenas supera los 22145 Km. Cuadrados, equivalentes a dos tercios del departamento de Lima, es actualmente uno de los países con mayor nivel de desarrollo económico y bienestar, gracias a su apuesta por el desarrollo científico y tecnológico. Israel cuenta con el mayor número de científicos por cada 10000 habitantes en el mundo, expresado en el mayor número de patentes per cápita, de igual forma, es sede de muchas empresas de alta tecnología.

Gracias a su avance científico y tecnológico Israel es líder mundial en aprovechamiento del agua (una respuesta al desierto sobre el cual se asienta) así como en productividad agrícola y ganadera. Cómo un ejemplo de esto último podemos decir que una vaca criolla peruana da un promedio de 7 u 8 litros de leche por día y una vaca lechera Holstein aproximadamente 23 litros; mientras que la productividad lechera de las vacas en Israel es de aproximadamente de 85 litros por día. De igual manera Israel es líder mundial en electrónica, telecomunicaciones, biología, nanotecnología e informática. Otros ejemplos parecidos a los de Israel los podemos encontrar en Corea del Sur, Taiwan, Indonesia y Malasia.

DE LA ECONOMÍA DE MATERIAS PRIMAS A LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

Nuestra economía viene teniendo un crecimiento sostenido desde el 2001. En los últimos diez años ha estado por encima del 6% anual como promedio. La estabilidad de nuestras políticas macroeconómicas y la implementación de tratados y acuerdos de integración comercial nos ha ubicado como una de las economías más sólidas del mundo y con mejores perspectivas para atraer la inversión extranjera y la ampliación del mercado interno. Sin embargo, nuestra producción sigue atada a la explotación de materias primas, como consecuencia de ello, nuestra oferta exportable sigue estando conformada por productos de escaso valor agregado.

Es menester observar que no existe país en el mundo que haya alcanzado la prosperidad económica ni el bienestar para sus habitantes basándose exclusivamente en la producción y exportación de materias primas y otros productos con escaso valor agregado. La mayor parte de los países de Äfrica tiene abundancia de recursos naturales, lo mismo ocurre con América Latina. Pero sí existen muchos ejemplos de países con escasez de recursos naturales que tienen una gran prosperidad económica. Ante esta evidencia surge la pregunta ¿qué hace que algunos países sean ricos y otros no?

Aquellos países que entendieron que el principal recurso con el que cuentan es su población y su capacidad creativa; a diferencia de nosotros que hemos venido pensando que nuestras materias primas nos van a sacar de la pobreza, son los que más se han desarrollado. Los primeros gozan de una enorme prosperidad económica gracias a su ingreso en la economía del conocimiento; mientras que los otros, como es el caso del Perú, se han quedado en la economía de las materias primas, de escaso valor, baja productividad y consiguiente pobreza.

La integración económica internacional del Perú nos abre un conjunto de oportunidades, pero que en sí mismas no son más que eso, posibilidades. El aprovechamiento de esas oportunidades no depende de los tratados mismos sino de nuestra capacidad para aprovecharlos. No es otra cosa que la suma de lo que podamos hacer para integrarnos ventajosamente en la economía mundial. ¿Queremos ser un productor de materias primas de bajos precios y un importador neto de tecnología costosa o un productor y exportador de productos con alto valor agregado y componente tecnológico de alto valor en el mercado mundial?

Nuestro país se caracteriza por ser un país de emprendedores. Nuestros emprendedores son personas que tienen un sueño, fundamentalmente empresarial, y que trabajan duro para alcanzarlo, sorteando limitaciones económicas y financieras, trabas burocráticas y legales, entre otros. Los más de dos millones de micro y pequeños empresarios han contribuido a dinamizar la economía peruana, han creado más del 70% del empleo en el Perú y ampliado el mercado interno nacional. Su contribución a la economía es fundamental y en gran medida explica el crecimiento económico de nuestro país y su fortaleza para resistir la crisis económica internacional del 2008. Sin embargo, pese a su decisiva contribución a nuestra economía, es un sector caracterizado por su bajo nivel de productividad y de competitividad a nivel internacional; todo ello debido a que en nuestro país el emprendurismo no ha sido acompañado por la innovación científica y tecnológica.

Para alcanzar la prosperidad económica es necesario elevar de manera constante nuestra productividad y competividad y la única forma de lograrlo es a través de la innovación. Si queremos alcanzar la prosperidad económica e insertarnos ventajosamente en la economía mundial debemos pasar de una economía de emprendedores a una economía de innovadores.

¿Cómo pasar de la economía del emprendurismo a la economía de la innovación?
Para producir el gran salto cualitativo que significa pasar a convertirnos en una economía de la innovación y de esta manera asegurar en crecimiento económico autosostenido y la mejora constante en los niveles de vida de la población es necesario actuar en varios frentes, como son la elevación sustancial en los niveles de nutrición, salud y educación, la reforma del Estado en áreas prioritarias como seguridad y justicia, la adopción de una política de desarrollo científico- tecnológica y productiva, el desarrollo de una importante inversión en el desarrollo de infraestructura básica, así como la instauración de una cultura de la innovación en la sociedad peruana. Estas políticas deben ser impulsadas sobre la base de la consolidación de lo ya avanzado en el país, como es el caso de la estabilidad macroeconómica y de las políticas económicas, el fortalecimiento de la integración económica del Perú al mundo, así como de la estabilidad institucional.

La elevación de los niveles nutricionales y de salud debe ser prioritarios para nuestro país. El Estado deberá garantizar que los niños en nuestro país estén libres de desnutrición crónica en los primeros 18 meses de vida, pues ésta situación los condenará a la pobreza crónica. Para ello deberá proseguir y mejorar los programas de apoyo alimentario hasta cuando estos sean requeridos. Por el lado de la salud, debemos pasar progresivamente a la conformación de un sistema de salud preventiva, que no solo es más eficaz, sino también menos costosa para el Estado.

En materia educativa debemos producir una “revolución” en éste sector. Nuestros alumnos en edad escolar ocupan los niveles más bajos a nivel mundial en comprensión lectora, en pensamiento lógico matemático y científico, constituyendo esto una traba para nuestra conversión en una economía basada en el conocimiento y la innovación científica y tecnológica. Es pertinente proseguir con la mejora de la calidad de los docentes de educación básica, pero también deberemos promover una mejora en el aprendizaje de aquellos contenidos que son relevantes para el desarrollo nacional. En primaria, por ejemplo, es pertinente reasignar los horarios de clases dando prioridad a contenidos como comprensión lectora, lógico matemática, computación, inglés y arte, eliminando contenidos que no revisten importancia en ésta etapa formativa. En secundaria, además deberá darse prioridad a los cursos de ciencias e integrarse asignaturas como historia, eliminándose otros como religión del sistema educativo nacional. Debemos entender que la escuela atiborra a nuestros alumnos de contenidos irrelevantes para la vida, como es el caso, por mencionar algún ejemplo, de la vida de Napoleón Bonaparte o la guerra de los Treinta años; mientras que descuida peligrosamente otros que tienen importancia capital para su desarrollo individual y para el desarrollo nacional como es el caso de la comprensión lectora.

En cuanto a la educación superior no universitaria es pertinente impulsarla pues deberá proveer de los técnicos altamente especializados y capacitados que nuestro desarrollo industrial requerirá conforme se estructure nuestra economía de la innovación. Para ello la educación superior no universitaria deberá caracterizarse por la capacitación en el manejo de la tecnología productiva de punta.

La educación universitaria deberá ser fortalecida. Nuestro desarrollo deberá sustentarse en la articulación efectiva entre universidad y empresa. Este binomio es el que permite la producción de la sociedad de la innovación. Debemos convertir a nuestras universidades en centros de investigación y desarrollo de la mano con la empresa. Para ello debemos hacer las mejoras que garanticen que nuestras universidades estén entre las mejores del mundo. No hay forma de desarrollar ciencia y tecnología con un sistema universitario débil. Para articular a la empresa con la universidad y producir de esta manera innovación es pertinente crear e impulsar el desarrollo de parques tecnológicos donde de inventen y desarrollen nuevos productos tecnológicos. Existen experiencias importantes de estos parques tecnológicos en diversos países como Estados Unidos, donde nació este concepto con el Silicon Valley, de San Francisco, California, primer centro del desarrollo de la innovación en el mundo. Aquí esta agrupado el esfuerzo y la investigación de las empresas más innovadoras del mundo con es el caso de Adobe Systems, Advanced Micro Devices, Agilent, Altera, Apple Inc., Applied Materials, BEA Systems, Cadence Design Systems, Cisco Systems, eBay, Electronic Arts, Google, Hewlett-Packard, Intel, Intuit, Juniper Networks, Knight-Ridder, Maxtor, Microchip Technology, National Semiconductor, Network Appliance, Oracle Corporation, Siebel, Sun Microsystems, Symantec, Synopsys, Veritas Software, Yahoo!, Informatica Corporation
Muchos países han aprendido de esta experiencia como son los casos de Israel, China, España, Rusia y ahora Chile con el parque Concepción. En muchos países los parques tecnológicos han atraído capitales y tecnología de empresas líderes en el desarrollo científico mundial, favoreciendo con ello el desarrollo de la tecnología y la transferencia de ésta. Sin duda, al leer los nombres de la empresas agrupadas en el Silicon Valley puede sonarnos imposible que ello pueda replicarse en el Perú; sin embargo, si las condiciones son competitivas podríamos atraer inversiones de empresas líderes en el mundo como en el caso del Silicon Wadi israelí, segundo centro de innovación en el mundo, donde operan empresas como Intel, IBM, Cisco Systems, SAP, Philips, Hewlett-Packard, AOL, Microsoft, Motorola, y Computer Associates, entre otras.

En la consolidación del Perú como país productor de conocimiento el Estado deberá participar de manera activa y no dejar que las fuerzas del mercado lo generen. Por ejemplo, el estado norteamericano financia el 95% de toda la inversión en desarrollo científico y tecnológico en ese país, mientras que el 5% restante lo realiza la empresa privada. De la misma forma ocurre en Israel, país que tiene el porcentaje más alto del mundo para el desarrollo de investigaciones en ciencias básicas y aplicadas con el 7,9% de su PBI. Lo mismo ocurre con otros países que van a la vanguardia del desarrollo científico y tecnológico como Japón, Alemania, Francia, y ahora China y Rusia. En nuestro continente Brasil es el país que más esta avanzando en esta materia, pues el gobierno de Lula dispuso de 23000 millones de dólares para el desarrollo científico y tecnológico brasileño en un plazo de 10 años. Frente a ello, nuestra inversión estatal que no supera en 0,4% del PBI, deberá incrementarse sustancialmente.

El Estado debe garantizar a los inversores nacionales y extranjeros seguridad jurídica y políticas a largo plazo. De igual manera deberá realizar una profunda reforma del Estado que permita la simplificación de trámites, la desburocratización del Estado. Es urgente la reforma profunda y la modernización de la administración de justicia para mejorar la competitividad del país. Otro punto que deberá ser enfrentado eficazmente es la lucha contra la delincuencia y la corrupción.

La construcción de infraestructura básica, que permita el crecimiento económico y la ampliación de nuestras capacidades productivas deberá proseguir. A la modernización de los puertos, aeropuertos, la carretera interoceánica y el proyecto olmos, deberá proseguir una fuerte inversión en la generación de energía y en el sector transportes y comunicaciones. A la ampliación de la telefonía y la conexión a Internet de banda ancha debe acompañar la interconexión del territorio nacional por trenes de alta velocidad que reduzcan los tiempos y los costos de transporte de mercancías por el territorio nacional, permitiendo la conformación y desarrollo de un sólido mercado interno nacional que nos proteja de las fluctuaciones de la economía internacional y que integre a todo el territorio nacional en la generación de nuestra oferta exportable.